domingo, 8 de mayo de 2016

El Papa Fornicario



Recuerdo que un día; hace siglos; le pregunté a mi profesor de Historia en colegio, que de donde venía el nombre de “Sacro Imperio Romano Germánico”. El profesor me despachó con un simple “porque el Papa le concedió ese título a Otón I, Rey de Alemania”. 

En la imagen el Papa con Otón, con sus Secretarios, al del Rey parece que se le vuela el sombrero

Ahí quedó la cosa. "Cosas de los papas”, me dije. Pero no se aplacó mi curiosidad y años después indagué sobre la historia completa y sobre todo sobre sus protagonistas, pues es ellos pudiera esconderse el secreto de la escueta respuesta de mi profesor. 

El papa responsable de la concesión de tan augusto título no era otro que Juan XII. De nombre Octaviano, era hijo ilegitimo de Alberico II de Spoletto y nieto de Marozia (la amante del Papa Sergio III que hizo Papa como Juan XI al presunto hijo de ambos) y por una serie de carambolas fue elegido papa en año 955 cuando aún no había cumplido los 18 años. Todo un logro, teniendo en cuenta que ya entonces se le acusaba de mantener relaciones sexuales con su madre, su hermana y su sobrina (suponemos que de forma sucesiva y no a la vez).

Su personalidad era una sabia combinación de jovenzuelo ignorante (no sabía ni siquiera el latín, lengua de la Iglesia), zafio y maleducado con una “oleada hormonal desbocada”, propia de su edad. Un verdadero dechado de “virtudes”.

De entrada era un ludópata que pasaba la mayor parte del día jugando a los dados con criados y palafreneros, bajando a las cuadras a participar en sus partidas. Cuadras que frecuentaba habitualmente, pues llegó a poseer 200 caballos; a los que alimentaba con almendras e higos empapados en vino (imagino que solo a sus preferidos. porque sino ...vaya gasto). 
En una de ellas perdió la apuesta y pagó la deuda ordenando diácono al ganador, allí mismo. 

Convirtió el Palacio de San Juan de Letrán en una especie de casino y burdel, donde no faltaban el vino y las mujerzuelas de la más baja condición. Por ello las damas romanas desaconsejaban a sus hijas acudir a misa a esa basílica, por temor a que “Su Santidad” abusase de ellas. Joder con el clero.

Liuprando de Cremona, obispo y cronista coetáneo (aunque muy poco amigo del papa) nos dice. Las mujeres temen venir a la iglesia de los santos apóstoles pues han oído que hace poco Juan llevó por la fuerza a varias mujeres peregrinas a su cama, casadas, viudas y vírgenes indistintamente....

Los cardenales se adaptaron a no llevarle la contraria, pues llegó a cegar a su director espiritual y a sodomizar y castrar a otro (que murió). Una joya de chico.

En esas andaba cuando en el año 960 Berengario II de Italia, intenta hincarle el diente a los territorios de la Iglesia, por lo que Juan XII pide ayuda a Otón II, que reúne a su ejército y aparece por Roma dos años después; alejando el peligro. Agradecido el Papa lo nombra Emperador y le jura fidelidad: “Si señor, lo que usted quiera, pero no me joda el chiringuito”, y de ahí viene lo de Sacro Imperio Romano Germánico

Cuando el satisfecho Otón sale hacia el Norte de Italia para enfrentarse a Berengario, el papa se arrepiente y “de lo dicho nada”. Llega incluso a conversar con su oponente para quitarse de en medio al germánico. La tomadura de pelo no le sentó nada bien a éste, tanto que decide regresar a Roma a ajustarle las cuentas a su Santidad.

El papa huye a Tivoli a una distancia prudencial del Vaticano (27 kmts), llevándose el Tesoro “para sus gastos”. 

Otón organiza un sínodo todos los obispos italianos, 16 cardenales y otros prelados que elaboran una lista de “pecados” contra el papa follarino. Por si no tenía bastante con los desmanes que hizo, “adoban” la lista con otros, fruto de las habladurías y la maledicencia  y que eran:
 “celebrar misa sin comunión, ordenar a destiempo y en una cuadra de caballos, consagrar simoniacamente a algunos obispos y a uno de edad de diez años; otros sacrilegios, hacer de su palacio un lupanar a fuerza de adulterios, dedicarse a la caza, haber cometido la castración y asesinato de un cardenal, haber producido incendios armado de espada y yelmo, beber vino a la salud del diablo, invocar en el juego a dioses paganos, no celebrar maitines ni horas canónicas, no hacer la señal de la cruz”. 

El papa contraataca con su arma más poderosa y amenaza con excomulgar al Emperador, a los obispos ya todo el que se le ponga por delante. Pero con las tropas alemanas en Roma, se pasan la amenaza por el “arco del triunfo” y nombran a otro Papa, León VIII, que era el Secretario de Otón (que casualidad).No era sacerdote, pero en dos días lo ordenaron sacerdote y después obispo; caso resulto
.
En el 963 Emperador vuelve tranquilo de nuevo a Alemania….y Juan vuelve de nuevo a Roma con un ejército mercenario. 

León VIII sale a escape también en pos de su señor.

Otra vez el mismo Papa y otra vez la misma historia. Nuevo sínodo para deponer al felizmente ausente  León. Y digo felizmente porque la venganza de Juan XII se centró en los integrantes del sínodo que lo expulsó de la silla de San Pedro (si levantara la cabeza….).

Los hubo afortunados: mandó despellejar a un obispo, a otro le cortó la nariz, a otro los dos dedos de la bendición y la lengua de regalo, también hubo desorejados; aunque menos suerte tuvieron los 63 miembros del clero y de la nobleza romana a los que ordenó cortar la cabeza.

A éstas alturas Otón I se sabía de memoria el camino a Roma y tiene que volver para ajustar las cuentas a éste Papa tan cansino y pertinaz, solamente que ésta vez llegó tarde.

Juan XII se fue al otro mundo con 26 añitos. Oficialmente de una apoplejía en pleno acto sexual, aunque circula la versión de que un marido corneado lo sorprendió el cama con su mujer y le propinó una paliza brutal (martillazo en la cabeza incluido) de la que murió a los tres días. Incluso he leído en un libro antiguo que fueron siete puñaladas que le dio otro marido cornudo, mientras paseaba por la calle.

No sé cuál de las tres versiones es la verdadera, lo que si es cierto es que en ambas anda por medio el asunto del fornicio papal. Quizás por el uso y abuso de tal actividad ha pasado a la Historia por el mal nombre de El Papa Fornicario.

martes, 28 de abril de 2015

la "Furia Española"



La llamada Guerra de Flandes llevaba ya unos añitos y pasaría a la Historia de Europa como la Guerra de los 80 años.
Esto creo que aún se estudia en Bachillerato, pero la historia que voy a contar seguro que no;y no es otra que la de la Batalla de Gembloux.


El Duque de Alba y los Tercios habían “pacificado” la provincia de forma “contundente”. Tal vez por eso Felipe II en un acto de magnanimidad lo había sustituido por Luis de Requesens con órdenes estrictas de ser moderado y transigente con los rebeldes de las provincias de Zelanda y Holanda. Una especie de “Alianza de Civilizaciones” del Siglo XVI, ya se sabe: “buen rollito” y “lo que usted quiera”.

Y así iba la cosa, hasta que a Don Luis (catalán de pro) le dio por morirse en 1576, después de toda una vida al servicio de España. Para sustituirle, pensó el Rey Prudente en su hermano Don Juan de Austria, también con estrictas indicaciones para lograr acercamientos y acuerdos con los orangistas, aun a costa de hacer todas las cesiones que fueran precisas..... Creo que se asemeja esto a alguna situación actual.


Don Juan tuvo que disfrazarse de criado morisco de un señor italiano (Octavio Gonzaga) para cruzar el hostil territorio francés hasta llegar a la provincia amiga de Luxemburgo, y de paso ver a su madre.



Eligió mal momento. El día de su llegada, los Tercios Viejos saquearon Amberes, en lo que dio en llamarse La Furia Española;término que curiosamente ha pasado al argot futbolístico




Un inciso para explicar eso del “Saqueo de Amberes” que tan mal recuerdo tiene aún hoy día en Holanda, donde los españoles tenemos fama de tener “muy mala leche”.



En 1576 los 1.600 hombres del Tercio de Valdés se amotinan por la falta de cobro y saquean la ciudad de Aalst. Dos nobles flamencos (Climes y Hesse) irritados por ello apresan a los miembros del Consejo de Estado leales a España. No contentos con eso autorizaron a la población a armarse y expulsar a todos los españoles, fueran o no militares y reclutaron a un buen número de mercenarios valones y alemanes. Eran en total unos veinte mil.


Semejante ejército se plantó a las puertas de Amberes, que les fueron abiertas para que aniquilasen a la guarnición española.Ésta para evitar la escabechina se refugió en el castillo comandados por Sancho Dávila.



Al enterarse del hecho,  los amotinados de Valdés por pura camaradería de soldados veteranos consideran que no pueden permitir que sus colegas estén cercados. Acuden en su apoyo tan rápido que llegan al día siguiente. Lo mismo hacen otros 600 hombres que al mando de Julián Romero y Alonso de Vargas andaban por las cercanías. Entre todos rompen el cerco y entran en el castillo. Todos reunidos realizan una inesperada salida que pone en fuga al ejército holandés. Algunos de éstos se atrincheran en el Ayuntamiento desde donde hacen fuego a los españoles. ¿Fuego?, pues ¡fuego al Ayuntamiento!  (imagen), y el incendio se extendió a toda la ciudad. Apagadas las llamas, saquearon el burgo.


Durante la II Guerra Mundial los alemanes lanzaron sus bombas volantes V-1y V-2 sobre la ciudad, que fue consumida por las llamas. Pero allí recuerdan más el incendio de 1576.No haré comentarios. Ya se sabe:ahora se tiene mucho cuidado de no ofender a Alemania....




Sigamos. Llega Don Juan de Austria en ésta tesitura, y con “ordenes de la superioridad” de negociar y ceder. Las condiciones se redactan en el llamado Edicto Perpetuo: Los holandeses reconocen a Felipe II como su Rey y respetarán la religión católica, a cambio amnistía general y sacar a todos los Tercios fuera de las provincias. Buen acuerdo….para ellos.



Eso sí, le permitieron quedarse con un cierto número de tropas bajo su mando: 20 hombres.Don Juan tenía un "buen marrón"



Como intuirán los lectores, cuando salió el último soldado español en Abril de 1577, Guillermo de Orange comienza a movilizar sus tropas para  acabar con Don Juan, que abandona por sorpresa la ciudad y se refugia en la fortaleza de Namur (y eso abusando de una protocolaria invitación de su gobernador).Desde allí le escribe a Felipe II exponiéndole la situación, pero el “Rey Prudente” (y tanto) tardó siete meses en autorizar el regreso de las tropas.


Los Tercios vuelven, y además de “mala leche”, los holandeses se habían cachondeando de los españoles, con su Rey a la cabeza. Don Juan de Austria les escribe: “A los magníficos Señores, amados y amigos míos, los capitanes de la mi infantería que salió de los Estados de Flandes. [...] A todos ruego vengáis con la menor ropa y bagaje que pudiereis, que llegados acá no os faltará de vuestros enemigos”. O lo que es lo mismo: que no carguen con impedimenta para poder desplazarse lo más rápido posible. Y así fue: Alguno como el de Lope de Figueroa  recorre mil kilómetros en un mes. Una pena que por el camino (en Cremona) falleciera el Maestre de Campo Julián Romero, que en sus cincuenta años de servicio se había dejado un ojo, una pierna y un brazo. Gran tipo.


Los holandeses mientras tanto han reclutado un ejército de unos 25.000 hombres, aunque llegan noticias que 17.000 extenuados españoles están en camino hacia ellos. Cansados y “cabreados” A pesar de la superioridad numérica el de Orange prudentemente se retira a Gembloux. Aunque fatigados los españoles fuerzan el paso y terminan por alcanzar la caballería enemiga que cubre la retaguardia. Se dan órdenes a la caballería propia para que se adelante y les haga escaramuzas, pero sin entablar ningún combate serio hasta que llegue la infantería. Suponemos que entre la hueste enemiga correría rápidamente un rumor: “nos atacan los españoles, y vienen de mala leche”.


Octavio Gonzaga con 2000 jinetes se encargará de ello y hacen retroceder a la caballería holandesa. Don Juan de Austria ordena replegarse, pues teme que el ejército contrario les plante cara y acabe con ellos. Pero a pesar del frio de aquel 31 de Enero de 1578 todos están “calentitos” y Alejandro Farnesio, que está al lado de su amigo y sobrino coge una lanza e inicia la carga. Le siguen Fernando de Toledo (que aunque hijo ilegitimo del Duque de Alba, no quería ser menos), Cristóbal de Mondragón, Bernardino de Mendoza, Juan Bautista de Monte y todo el Estado Mayor.


Los Tercios a pie aceleran aún más la marcha y se suman al ataque. Don Juan tiene un cabreo increíble (después les “echará la bronca” a todos).Se han vuelto todos locos, hasta un simple capitán que manda la compañía de vanguardia, contesta la orden de repliegue diciendo que “él nunca había vuelto las espaldas al enemigo, y aunque quisiera no podía”.


El empuje había encajonado a los rebeldes en un estrecho paso. La infantería holandesa apelotonada fue primero arrollada y pateada por su propia caballería en retirada como alma que lleva el diablo, después por la española en tromba y para rematar los mosqueteros no fallaban un tiro entre aquel amasijo de soldados. Los piqueros terminaron por acabar con todo lo que quedaba en pie.



En hora y medía el ejército holandés fue aniquilado. 10.000 muertos, heridos o prisioneros, varios millares de éstos fueron fusilados. Entre los nuestros, 20 muertos y heridos.



Y es que iban de ¨mala leche.

viernes, 23 de enero de 2015

Las reales sufridoras de Fernando VII

Desgraciadamente los españoles sufrimos durante unos eternos veinte años a un Rey que se llamó Fernando VII. Un personaje histórico al que detesto profundamente por sus actos como gobernante y como persona,y por ello obviaré epítetos (no se si podré contenerme a lo largo del relato).Lo mejor que hizo durante su reinado fue morirse con 48 años y en avanzado estado de decrepitud,librándonos de su augusta persona para siempre.

Eso si, nos dejó un bonito regalo de despedida: Isabel II (digna hija de …..su padre) que traía bajo el brazo; no un pan como suele decirse; sino un sangriento conflicto:la I Guerra Carlista.

Pero eso ya es otra historia.



Sírvanos de consuelo que las primeras que tuvieron la desgracia de sufrir a éste.....personaje,fueron sus esposas. Y hasta en ésto fue nefasto,porque dio “que hacer” nada menos que a cuatro.



Con 18 lo casan con una prima hermana suya: Maria Antonia de Nápoles de su misma edad y debidamente informada por su aya de “todo lo que conllevaba” el matrimonio, cosa que no habían hecho con él.


Ya en la alcoba nupcial,la chica se despoja de la ropa tal y como la habían instruido. Fernando al verla se abalanza sobre los pechos y agarrándolos firmemente se dedica a darles fuertes chupetones o mamazos durante el tiempo que le pareció bien. Después de ello se levantó de la cama y se dedicó a terminar de bordar un par zapatillas (que era su pasatiempo favorito) sentado en una butaca.



Maria Antonia escribe a su madre contándole la “nochecita”, y en su respuesta (“Mi hija está desesperada. Fernando es enteramente memo; ni siquiera un marido físico, y por añadidura un latoso, que no hace nada y no sale de su cuarto”) le confirma algo que a éstas alturas ya debía de saber: se había casado con un imbécil. Y era cierto, pero lo que Dios no le dio en neuronas (quizás para que no dijeran que no estaba “suficientemente dotado”) se lo dio en otras”virtudes”, y así debería haber pasado a la historia como “El Rey Elefante”.Y no precisamente porque tuviera grandes orejas como ese animal, sino más bien por el parecido de otra parte de su cuerpo con la trompa de un paquidermo.



En el tema de las zapatillas estuvo hasta que alguien le fue a Carlos IV con el cuento....seis meses después, por lo que su padre tuvo que darle unas cuantas lecciones (aunque su madre era más “experta” en esas lides). Cuando descubrió el asunto de la coyunda, aquello fue una explosión, como dice el refranero popular “a todos los tontos le da por lo mismo”.Maria Antonia solo quería cumplir con sus deberes conyugales y sin saberlo “había despertado a la bestia” que Fernando llevaba dentro y entre las piernas.



Durante durante cuatro años tuvo que soportar a Godoy ,a la horripilante Reina Maria Luisa y además a su rijoso marido que la acosaba a todas horas para “facer el cumplimiento” (se quejaba por carta a su madre). Así que, asqueada murió de tuberculosis a los 22 años, sin que de todo aquel “ajetreo” no “salieran en claro” mas que dos abortos.



Y así se quedó “el niño sin juguete”.Y durante ocho largos años,durante los cuales semejante “prodigio de la naturaleza” tuvo que saciar sus necesidades sexuales de diversas maneras:sus agentes (El tal Chamorro y el Duque de Alagón) peinaban Madrid en busca de alcahuetas que tuvieran pupilas con virgos en venta para llevarlas a Palacio o lo acompañaban por todos los prostíbulos de la ciudad (donde era conocido como Hércules). Solían terminar la noche en una casa de la calle del Ave Maria, donde ejercía Pepa“La Malagueña”, donde Fernando retaba a los clientes a “medirse” con él ;y no en el sentido del término relativo a la esgrima; lo que era causa de admiración y del apodo de “El Ariete del Reino”.



Para intentar acabar con éstas aficiones que ya duraban demasiado le buscan nueva esposa, ésta vez prueban con una sobrina e hija del Rey de Portugal,Maria Isabel de Braganza. De paso aprovechan para casar al hermano de Fernando (Carlos Maria Isidro) con Maria Francisca, la hermana de la novia.



La chica no era una belleza (Los madrileños se mofaban del rey recitando la coplilla: Fea, pobre y portuguesa,¡chúpate esa!),pero a sus 19 años era una mujer culta y amante del arte, quedando deslumbrada por las reales colecciones de pinturas. Por ello decidió recopilarlas en un solo espacio, lo que sería después el Museo del Prado (que se inauguró un año después de su muerte).


Fernando le cogió afición pues la señora solía esperarlo vestida como las furcias de Madrid (con dos claveles en el pelo, signo identificativo del oficio por entonces) porque eso “le ponía”,tanto que al año dio a luz...pero una niña (incapacitadas para reinar por la Ley Sálica).La esposa quedó decepcionada y aún más el Rey,de modo que la dejaron casi abandonada en manos de la servidumbre que tampoco le hacían mucho caso;quizás por ello el angelito se fue al Cielo a los cuatro meses.



El rey,diligente en las cuestiones procreativas volvió a la carga de nuevo (con su ariete) de tal forma que la reina estaba de nuevo encinta a los pocos meses,siendo “frecuentada” su marido con mayor asiduidad (se ve que eso también “le ponía”). Por las causas que fueren el embarazo no fue bien y en el momento del parto la cosa se complicó y el grupo de egregios doctores sugirió dejar morir a la madre para salvar al hijo mediante una cesárea



En un momento de aquel difícil parto la reina sufrió un síncope y perdió la consciencia. Los ilustres galenos no sabían distinguir a un vivo de un muerto (literalmente) , y cuando le abren el vientre la parturienta lanzó un grito de dolor que estremeció a la numerosa concurrencia. El “equipo médico habitual” se queda perplejo,pero el Rey les ordena que sigan adelante con la carnicería (atando a la parturienta a la cama,que no cesaba de gritar a cada golpe de cuchillo) y que salven a su vástago. Imagínense el cuadro,debió ser espeluznante (la cama acabó convertida en una bañera de sangre) al igual que su resultado:la madre y el retoño muertos. Y el rey chasqueado,pues en un solo acto se quedó sin vagina y sin heredero,pues lo que traía la gestante era una niña.



Se busca nueva consorte. Ahora le tocó a otra primita suya de 16 años que vivía en un convento de monjas desde que quedó huérfana de madre a los tres meses, por lo que era casi una monjita más. Maria Josefa Amalia de Sajonia.



Durante su viaje desde el monasterio a orillas del Elba hasta España se esforzaron en enseñarle el idioma, pero se olvidaron de explicarle “lo que le esperaba”.O mejor dicho cuando intentaban hacerlo la niña se tapaba los oídos y se deshacía entre jaculatorias y santiguaciones; a pesar de que en las cartas su esposo le escribía cosas como “pichoncito mio” o “estoy decidido a hacer contigo el mariceo”.Bella expresión.



Y así llegó la noche del “mariceo”.Todo lo relatado lo cuenta el escritor Próspero de Merimeee a su amigo el poeta Sthendal de ésta manera:



“…...Según la dama por quien sé la historia, su miembro viril es fino como una barra de lacre en la base, y tan gordo como el puño en su extremidad; además, tan largo como un taco de billar. Es, por añadidura, el rijoso más grosero y desvergonzado de su reino. Ante esta horrible vista, la Reina creyó desvanecerse, y fue mucho peor cuando comenzó a toquetearla sin miramientos. La Reina se escapa de la cama y corre por la habitación dando grandes gritos. El Rey la persigue; pero, como ella era joven y ágil, y el Rey es gordo, pesado y gotoso, el Monarca se caía de narices, tropezaba con los suelos. En resumen, el Rey encontró ese juego muy tonto y montó en espantosa cólera. Llama, pregunta por su cuñada y por la camarera mayor, y las trata de P y de B con una elocuencia muy propia de él, y por último les ordena que preparen a la Reina, dejándoles un cuarto de hora para ese negocio. Luego, se pasea, en camisa y zapatillas, por una galería fumándose un cigarro. No sé qué demonios dijeron esas mujeres a la Reina; lo cierto es que le metieron tanto miedo que su digestión se vio perturbada. Cuando volvió el Rey y quiso reanudar la conversación en el punto en que la había dejado, ya no encontró resistencia; pero, a su primer esfuerzo para abrir una puerta, abrióse con toda naturalidad la de al lado y manchó las sábanas con un color muy distinto al que se espera después de una noche de bodas



Lo que se nos dice, expresado en un lenguaje más prosaico es que después de la persecución a la que fue sometida por el rey gritando en español tabernario respondiendo a los gritos de la chica en perfecto alemán (que el rey no entendía) y de los “oportunos consejos” de sus camareras, cuando el rey iba a penetrarla, la reina literalmente “se le cagó encima”, (sirva, por gráfica la vulgar expresión), como una paloma. (“pichoncito mio”....).



Fernando montó en cólera y no volvió a ver a su esposa en una semana. Aprovechó el tiempo para dictar una carta al Papa Pio VII (llena de groserías y palabrotas según su estilo:¡O yo jodo de una vez con esa pazguata o que el Santo Padre anule mi matrimonio!) pidiéndole que anulara el matrimonio por falta de consumación. El pontífice debió de enviarle una carta personal a la esposa explicándole que a los niños no los traía la cigüeña,sino que había que “hacerlos” mediante ciertas prácticas y que dentro del matrimonio no eran pecado mortal. Y que para demostrarlo el rey rezaría un rosario antes de entrar en la alcoba nupcial para "cumplir".



A pesar de ello el rey volvió a sus furcias y debió de rezar pocos rosarios,pues estuvieron diez años casados y no hubo embarazo alguno. La reina se dedicó a escribir poesías de contenido político (le tocó vivir el periodo liberal) con títulos tan sugerentes como “Muera la Constitución” y siguió siendo muy tímida y beata hasta que unas fiebres se la llevaron con 26 años en 1829.



Y en 1829 Fernando tiene ya 45 años y no tiene descendencia ni España heredero al trono. El rey ha aprendido algo y cuando le van a buscar candidata sentencia: “No más rosarios ni versitos ,coño”.

Como las sobrinas le habían ido mejor que las primas ese mismo año se casa con Maria Cristina de las Dos Sicilias (a falta de una),sobrina suya también. Y ahora era el rey; transido de amor; quien le escribía versos a su esposa: “Cada vez que pienso en ti, mi corazón hace pí, pí, pí” (y era de los mejores que compuso).Le llama cariñosamente “su pichona”,despertándome curiosidad la reiterada utilización del recurso metafórico-literario relativo a las columbiformes  para dirigirse cariñosamente a sus esposas.



Pero aquí llegó tarde. Fernando ya no es ni sombra del que era,agotado por todo tipo de excesos no le aguantó a la ardiente siciliana ni cuatro años, ni más de uno a la semana. Con lo que él había sido,pero a pesar de todo “quien tuvo retuvo” y a los pocos meses Maria Cristina estaba embarazada,pero dio a luz a una niña (Isabel II) y el segundo embarazo tardó dos años en llegar:otra niña (Luisa Fernanda).



Parece que a éste “ataque de fertilidad” contribuyó un artificio ideado por no se sabe quien y que consistía en una especie de cojín circular (como un “donut”) a modo de tope para que introdujera por él el miembro y que;ya en la esposa; éste se alojara donde debía. Dejaré que lo cuente uno de sus médicos:sabedora doña Cristina de aquella circunstancia nada consoladora para los intereses del trono, discurrió, o más bien le aconsejaron, que usara don Fernando una almohadilla perforada en el centro, de tres o cuatro centímetros de espesor, por cuyo orificio introducía el pene antes del coito y durante él; así se hizo y alcanzaron sucesión.



El 29 de Septiembre de 1833 Fernando VII marchó camino del Panteón Real del Escorial sin un hijo varón.A las pocas horas de su muerte era tal el grado de descomposición del cadáver que el ataud de zinc hubo de ser soldado, para evitar el mal olor al cortejo funebre.



A los tres meses de la celebración (nunca mejor dicho) del entierro, Maria Cristina (ahora Reina Regente,pues Isabel II tiene solo tres años) se casa en secreto con un apuesto Guardia de Corps de nombre Fernando Muñoz (llamado por algunos “Fernando VIII”),al que parece ser que ya “conocía” (en el sentido bíblico de la palabra) antes de la muerte de su esposo.



Con su nuevo esposo tuvo ...ocho hijos, cinco ellos mientras fue Regente de España y los tres últimos durante su exilio en Paris (adonde la mandó Espartero, que los tenía tan bien puestos como su caballo). 
 

Fernando VII debía revolverse en sus cenizas cada vez que la Reina paría y más aún cuando eran varones,que fueron cinco. Los carlistas le cantaban una copla que decía: “Clamaban los liberales que la reina no paría, y ha parido más muñoces que liberales había”.Durante todo ese tiempo disimulaba los embarazos con ropas y “retiros” a la La Granja,pero aquello fue un descaro manifiesto,tanto que la Condesa de Campo-Alange decía que “la reina estaba casada en secreto y embarazada en público”.



Cosas que solo pasan aquí.