jueves, 13 de agosto de 2026

La Colina de la Hamburguesería (Nordlingen)



         Largo letargo el del Saurio ésta vez,debe ser que con la edad esos periodos se alargan...
 
   
Me sugiere éste post una amiga sueca que me dice que a ella no le habían contado ésta historieta en el Colegio. No me extraña, pues; salvo en España, los desastres suelen obviarse en la lecciones de Historia.

       Si, mi amiga Gisselle desconocía que tiempo atrás los españoles nos las “tuvimos tiesas” con los suecos, imagino que muchos estudiantes españoles tampoco sabrán de ello; si es que saben dónde está Suecia y no la confunden con Suiza.

Pues bien. Los estadounidenses tuvieron su épica batalla durante la Guerra de Vietnam en aquella conquista de la Colina 937 en el Valle de Ashau, de la que hicieron su correspondiente película y a la que llamaron La Colina de la Hamburguesa” por la carnicería que sufrieron y que se elevó a la friolera de…...72 muertos en diez días, víctimas de las ametralladoras norvietnamitas (y de algunas propias).

Ciertamente el número de fallecidos no influye en la épica (de eso sabemos los españoles, que siempre hemos sido pocos) pero si nos da idea de la magnitud del combate o del desastre.

Pues bien. Nosotros también tenemos nuestra colina, a la que deberíamos llamar “De la Hamburguesería” ya que dejamos allí unos dos mil difuntos. Claro que antes de montarse en la barca de Caronte se llevaron con ellos a seis mil suecos y sajones. En dos días y sin armas automáticas. Eso sí que  es una carnicería, pero a escala industrial.

La colina se llama Albuch y la batalla se dio cerca de la bellísima ciudad bávara de Nordlingen.


El rey sueco Gustavo II Adolfo (llamado El León del Norte) llevaba a cabo una política expansiva hacia sus vecinos: Había derrotado a los daneses y le había arrancado territorios a la mismísima Rusia, privándola de la salida al Báltico. Pretendió hacer lo mismo con los polacos para hacer de él una especie de “mar interior” sueco y fue ocupando parte de su territorio. Para ello contaba con un ejército disciplinado y con abundante caballería armada con pistolas y carabinas que actuaba en coordinación con una infantería dotada con armas de fuego modernas y que disparaba por descargas cerradas de tres filas creando con cada una de ellas un auténtico mazazo de plomo.

Espoleado por esa sucesión de victorias se fue “tragando” Sajonia y toda la parte Éste de Alemania (la parte protestante), hasta que llegó a la católica Baviera y al rio Elba. Y ahí, como se dice popularmente “con la Iglesia henos topado” y es esos tiempos La Iglesia era defendida por el Sacro Imperio Romano-Germánico o hispano-alemán.

Mientras los suecos estuvieron en sus enredos nórdicos, a los españoles nos importó un pimiento, que son tierras gélidas y que entre ellos se las apañen. Pero encajarse en el mismo corazón de la Alemania católica era hacer peligrar el Camino Español, por el que transitaban nuestras tropas y suministros desde Milan a Holanda. Además extendía y apoyaba la rebelión protestante en éstas provincias.

En 1632 los suecos ocupan Munich (y suponemos que se beberían su cerveza). Aquello era intolerable. Felipe IV le encargó a su hermano (el Cardenal-Infante Fernando de Austria) que formase un ejército en Milán tomando como base los “Tercios Viejos” (soldados españoles  experimentados), para que cruzase los Alpes y fuese liberando las plazas fuertes tomadas por los rebeldes. La columna se iría engrosando con los regimientos españoles que encontrasen por el camino.

Así llegaron hasta Nordlingen en el Norte de Baviera unos veinte mil imperiales de infantería con unos diez mil de caballería y treinta pesados cañones. Dentro de la ciudad unos cinco mil luteranos se habían declarado contra el Emperador y cerrado la cuidad, por lo que disponen a asediarla.

No dio tiempo. Todo el ejército sueco comandado por el mejor de sus oficiales, el general Horn se encontraba próximo. Éste Horn era un tipo enérgico pero petulante y mal informado que creía que los que iban a sitiar la ciudad eran solo los cinco mil españoles (“desharrapados soldados” según él les llamaba) del fallecido Duque de Feria, y ahora al mando del Marqués de Leganés.

Era cierto que allí estaban. Pero no solos, sino acompañados de los Tercios de Fuenclara ,Sicilia y Sagunto, los napolitanos de Gambacorta y las tropas imperiales comandadas por el austriaco Matthias Gallas y el italiano Piccolomini que inmediatamente toman posiciones en las colinas que rodean la ciudad como puntos fuertes, la principal la de Albuch.

Defendida por los germanos e italianos sufren el impacto brutal de los suecos. En la noche del 6 de Septiembre y combatiendo entre sombras, son desalojados de la posición.

Estaba claro que había que recuperarla y se organiza la fuerza. Dos regimientos alemanes en primera línea apoyados por el Tercio italiano de Toralto y detrás el Tercio español del guipuzcoano Martín de Idiáquez. Cuando los suecos los ven avanzar les lanzan en tromba la caballería que descompone las primeras filas, pero los de Toralto aguantan hasta que llega la caballería imperial para contrarrestar la carga.

Los suecos lanzan sobre ellos al Regimiento Amarillo con su caballería pesada, pero El Tercio de Toralto aguantó la embestida de nuevo y los españoles de Idiáquez marchan en cuadro colina arriba como una apisonadora tragando plomo y saliva, empujando a los enemigos por la ladera opuesta hacia abajo.

El general Horn lo considera una afrenta personal y ordena recuperar Albuch a toda costa. Los suecos intentan el ascenso, pero los españoles se burlaban de ellos con una táctica para la que había que “tenerlos bien puestos”: los mosqueteros disparaban por turnos, mientras que los suecos disparaban con sus tres filas a la vez, cuando los españoles veían el chispazo en la cazoleta del mosquete se agachaban de forma sincronizada y esquivaban las balas; algunos después de esto se bajaban los pantalones y les enseñaban el culo. Debían ser unos cachondos con nervios de acero y con más atributos que el caballo de Espartero para hacer esto a 50 metros del enemigo. Mientras todos los suecos debían recargar (cosa que llevaba su tiempo) los españoles tenían tiempo de apuntar y hacer blanco de forma continua.

Los nórdicos son perseverantes y “cuadriculados” incapaces de cambiar de táctica y lo intentan de nuevo, dos, tres, cuatro y cinco veces. Y más: hasta quince veces. Contra un muro se daban.

Los suecos y sajones se van agotando paulatinamente, pero lo peor llegó cuando lo que se agotó fue la paciencia de los Tercios. Cansados de aguantar decidieron pasar a la acción.Y si subieron como una apisonadora, se lanzaron colina abajo como si fueran un tsunami (cargando  como siempre en silencio) desbandando al enemigo que corría en todas direcciones acosado por la terrible y despiadada caballería ligera croata que fue dando cuenta de ellos.

El propio general Horn fue capturado por los “desarrapados” (permaneció prisionero ocho años) y los que quedaron se retiraron hacia Heilbronn. Desde allí poco a poco fueron arrinconados en el Norte de Alemania y expulsados del Imperio.

La fama de invencibilidad del Ejercito Sueco se había quebrado. Ahora deberíamos vernos las caras con una nación católica gobernada por un Cardenal: Francia y Richelieu.

Pero ésto ya es otra historia. 
 
 
                                                      (Al fondo de la imagen la colina ocupada por los imperiales)